Hay decisiones que tienen mucho que ver con el modelo de ciudad que queremos construir. Y recuperar la Ordenanza Cívica y de Convivencia Ciudadana es una de ellas.
Zaragoza vuelve a tener una ordenanza cívica después de que la anterior fuera derogada en 2014. El Pleno del Ayuntamiento ha aprobado el texto definitivo de una norma que nace con un objetivo muy claro: proteger la convivencia, cuidar nuestro espacio público y mejorar la calidad de vida de todos los zaragozanos.
Y quiero destacar algo especialmente importante: esta ordenanza responde a una demanda de los propios zaragozanos. El último Barómetro Municipal refleja que el 91,5% considera necesaria una regulación de estas características. Es decir, no estamos hablando de una decisión tomada de espaldas a la ciudadanía. Al contrario.
Esta ordenanza nace de la calle y de escuchar a los vecinos.
Durante todo el proceso de elaboración hemos contado con las aportaciones de ciudadanos, asociaciones, entidades sociales y grupos municipales. Se han estudiado las alegaciones y propuestas presentadas durante el periodo de información pública y se han incorporado aquellas que contribuían a mejorar el texto.
El resultado es una herramienta que permite al Ayuntamiento actuar con mayor eficacia frente a aquellas conductas que deterioran la convivencia y el espacio que compartimos.
Proteger lo que es de todos
El espacio público es de todos. Y precisamente por eso tenemos que cuidarlo entre todos.
La nueva ordenanza establece un régimen sancionador que diferencia entre infracciones leves, graves y muy graves, con multas de entre 50 y 3.000 euros, además de la obligación de reparar los daños ocasionados al patrimonio público.
Los actos vandálicos contra infraestructuras y mobiliario municipal, los grafitis realizados con materiales especialmente agresivos, el vertido incontrolado de residuos, la organización de eventos ilegales multitudinarios o la venta ambulante ilegal podrán ser sancionados con hasta 3.000 euros.
También se endurecen las sanciones cuando los actos vandálicos afectan a elementos declarados Bien de Interés Cultural, porque proteger nuestro patrimonio es también proteger nuestra historia y nuestra identidad como ciudad.
Las conductas graves, con multas de hasta 1.500 euros, incluyen comportamientos como el botellón, los servicios sexuales retribuidos en el espacio público, las despedidas de soltero que alteren gravemente la convivencia o los insultos y humillaciones en la vía pública.
Y las infracciones leves, con multas de hasta 750 euros, contemplan situaciones que afectan directamente al día a día de nuestros barrios: orinar o escupir en la calle, no recoger los excrementos de las mascotas, arrojar colillas o basura al suelo, manipular contenedores o abandonar bicicletas y patinetes en la vía pública.
También se regula el uso de fuentes de sonido en el transporte público colectivo cuando perturben el descanso y la convivencia del resto de viajeros.
Porque convivir significa entender que nuestras acciones tienen consecuencias sobre los demás.
Una norma que también incorpora una mirada social
Quiero destacar también que esta ordenanza no se limita a sancionar. Durante su tramitación se han incorporado aportaciones que refuerzan su dimensión social.
Es el caso de la propuesta realizada por la Coordinadora de Entidades para Personas sin Hogar de Zaragoza. La pernocta de las personas sin hogar en parques seguirá estando prohibida, pero no tendrá la consideración de falta grave.
Es un buen ejemplo de cómo la escucha y el diálogo permiten mejorar las políticas públicas y encontrar un equilibrio entre la protección del espacio público y la realidad social de las personas más vulnerables.
La ordenanza incorpora además el reconocimiento expreso del derecho al descanso como parte del derecho a la salud, así como la salubridad entre los deberes básicos de convivencia y civismo.
Una Zaragoza que se respeta
Cuando hablamos de mejorar Zaragoza, hablamos también de esto.
De poder disfrutar de nuestros parques y plazas.
De caminar por calles limpias.
De proteger nuestro patrimonio.
De poder descansar.
De utilizar el transporte público respetando a los demás.
De que quien cause daños al espacio que compartimos tenga que responder por ellos.
Y, sobre todo, hablamos de recuperar una idea que debería ser básica: la libertad de cada uno termina donde empieza el derecho de los demás.
Zaragoza está creciendo, tiene cada vez más actividad y cada vez más personas quieren disfrutar de sus calles, sus plazas y sus espacios públicos. Necesitamos, por tanto, herramientas adaptadas a la ciudad que somos y a la ciudad que queremos seguir siendo.
La nueva Ordenanza Cívica y de Convivencia Ciudadana nos permite avanzar en esa dirección.
No se trata de llenar Zaragoza de prohibiciones. Se trata de establecer unas reglas claras para que podamos vivir mejor juntos.
Porque la inmensa mayoría de los zaragozanos cuida su ciudad, respeta a los demás y cumple las normas. Y precisamente por ellos tenemos que actuar cuando unos pocos deterioran aquello que es de todos.
Queremos una Zaragoza más cívica, más limpia, más segura y más respetuosa. Una Zaragoza que se disfruta, pero que también se cuida.





